Historia de Tobarra

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Historia de Tobarra2018-04-03T11:12:06+00:00

Historia de Tobarra

Ruinas del castillo de Tobarra. Ojos del diablo.

Evolución de la población.

  • 1385: ¿100 personas?
  • 1439: “100 vasallos”. (¿400-500 habitantes?)
  • 1457: 103 vecinos. (¿400-500 habitantes?).
  • 1503: 140 vecinos. 560 habitantes.
  • 1576: 350 vecinos. (¿1.400 habitantes?)
    • 1581: 36 moriscos.
  • 1741: 600 vecinos. (¿2.400 habitantes?)
  • 1779: 5.000 habitantes.
  • 1826: 1.553 vecinos. 5.956 habitantes.
  • 1857: 6.142 habitantes.
  • 1860: 6.326 habitantes.
  • 1877: 7.218 habitantes.
  • 1887: 7.646 habitantes.
  • 1897: 7.933 habitantes.
  • 1900: 7.787
  • 1910: 9.651
  • 1920: 10.455
  • 1930: 12.071
  • 1940: 13.110
  • 1950: 13.026
  • 1960: 11.114
  • 1970: 8.988
  • 1980: 8.184
  • 1990: 7.685
  • 2000: 7.485
  • 2010: 8.207
  • 2017: 7.754

Orígenes

Seguramente la primera referencia documental fehaciente de Tobarra sea una anotación en la descripción del “Itinerario de Cartagena a Chinchilla” del geógrafo árabe Al-Udri del siglo XI en la que aparece Tobarra. Su equivalencia con la Turbula que cita el geógrafo Ptolomeo está en duda, pero en todo caso el origen de Tobarra es antiquísimo, extraordinariamente remoto.

Los vestigios arquitectónicos más antiguos que hay en la capital del municipio son las ruinas del castillo, evidentemente musulmán y posteriormente cristiano.

Tobarra debió ser un lugar importante en tiempos musulmanes, en aquella época comienza a desarrollarse la huerta y el regadío. Algunos de los pozos más antiguos proceden de esta época musulmana.

Prehistoria y antigüedad.

¿Y antes?

Hay restos de sílex y puntas de flecha que evidencian un poblamiento disperso, poblaciones de cazadores-recolectores del Paleolítico medio dejaron su huella en el paraje de Polope, vivían en chozas o se refugiaban en abrigos de la zona, como el que hay en el Cerro de la Encarnación, protegiéndose del último gran periodo glacial (Wurn).

Con el fin de las glaciaciones se produjo un cambio climático a escala global.

Las especies de animales y plantas se adaptaron, los grandes mamíferos comenzaron a desaparecer y el clima, más cálido y seco, trajo un retroceso de la vegetación que obligó a los hombres a cambiar su manera de ganarse la vida.

Comenzaba el Neolítico, la agricultura, la cerámica (de cuyos restos hay algunos hallazgos en Tobarra) y pronto, las primeras culturas. Especialmente la Ibérica.

De época ibérica es la necrópolis de la Hoya de Santa Ana, (caserío situado en el extremo noreste del municipio), con restos ibéricos y romanos (desde el siglo VI ac hasta el siglo II de nuestra era), situada en el camino natural que unía la meseta sur, desde Chinchilla hacia Cartagena.

¿Turbula la Romana?

Hispania Romana según Claudio Ptolomeo. Turbula en el lugar en que supuestamente la ubicó el geógrafo

Durante mucho tiempo se ha asignado a Tobarra el nombre de Túrbula, una ciudad ibera citada por el geógrafo Claudio Ptolomeo. El geógrafo indicó que era una ciudad Bastetana y la situó al este, pero la ubicación es muy difícil de situar con exactitud pese a sus indicaciones.

Las antiguas crónicas enseguida se hicieron eco y atribuyeron a Tobarra ese nombre, llegando hasta a incluirse en la letra del Himno a Tobarra.

José María Hurtado Ríos ha sido probablemente el más firme detractor de esta idea que como muy bien señala, no tiene suficiente base. Nosotros, aún así, no la descartaríamos del todo, en tanto se encuentre alguna prueba que demuestre que Ptolomeo estaba equivocado o que muestre un nombre distinto porque lo cierto es que la ubicación propuesta por el geógrafo podría coincidir y la toponímia es también coincidente. Pero seguiría siendo una mera hipótesis.

Época romana

El hallazgo de una piedra miliar romana reforzó la tesis que defendía que la Calzada Romana que unía Complutum (Alcalá de Henares) con Carthago Nova (Cartagena) no sólo atravesaba el término municipal, sino que se desviaba para acercarse a Tobarra.

El recorrido más probable de esta calzada entraba en el municipio cerca de la Hoya de Santa Ana, para continuar por el “camino viejo de Tobarra”, una Cañada Real que se desviaba de la Cañada Real Conquense para unirse con la Manchega en el término de Tobarra. Tras llegar a Tobarra, la calzada romana se desviaba de nuevo hacia el este, pasando por la pedanía de Sierra, y desde allí discurría por el “Camino Viejo de Murcia” hacia Torre Uchea y el Tolmo de Minateda.

En algún momento -probablemente entre los siglos XVI y XVII- se debió desplazar el camino hacia el oeste, tanto por el norte, dada la creciente importancia que estaba adquiriendo Albacete en detrimento de Chinchilla, como por el sur, por el abandono del Tolmo de Minateda. En todo caso, la importante ruta comercial siempre pasó por Tobarra.

Tardorromanismo y visigodos.

El hallazgo antes de 1896 de un tesorillo compuesto por dos anillos de oro y 29 monedas de Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, y en 1933 de una gra pieza de bronce de Marco Aurelio, atestiguan la importancia de Tobarra en la época tardorromana.

No obstante más allá de esto apenas hay más restos romanos probablemente la ausencia de excavaciones arqueológicas en la cabecera del municipio tenga algo que ver.

En todo caso, el poblamiento se mantuvo ya que hacia el siglo VI se construye un eremitorio Visigótico en la Muela de Alborajico (a unos tres kilómetros de Tobarra), junto a una cantera que estuvo en uso de forma casi ininterrumpida desde época romana hasta la construcción de la Iglesia de la Asunción -y que en la actualidad sigue explotándose-.

¿Un templo de Mitra en Tobarra?

Nos parece muy interesante la hipótesis de J.F. Jordán Montes que llegó a sugerir que el eremitorio de Alborajico pudo ser un templo dedicado a Mitra.  Él reconoce que hay demasiadas similitudes entre un templo mitraico y uno paleocristiano. Por otro lado, falta una prospección exaustiva que nos saque de dudas definitivamente. En todo caso, siempre nos ha parecido extraordinariamente arduo el trabajo de excavar a mano la durísima roca sólo para hacer un eremitorio. Ese trabajo debió durar décadas, tal vez demasiado tiempo para un tiempo tan convulso como el visigodo.

Desconocemos, por tanto, el alcance que pudo tener el poblamiento de Tobarra en época romana, pero las características defensivas, así como el fácil acceso al agua hacen de Tobarra un lugar realmente apetecible para crear y mantener un poblamiento. A falta de testimonios arqueológicos (y de prospecciones), creemos que Tobarra estuvo poblada de forma permanente desde época romana, tal vez antes incluso.

Por otra parte, los registros geológicos muestran un importantísimo terremoto en época tardorromana (con grandes cabalgamientos en la zona de la laguna de Alboraj, a apenas 2.000 metros de Tobarra). Se sabe que provocó considerables daños en el Tolmo de Minateda, en todo caso, el poblamiento debió recuperarse, y para la conquista musulmana con bastante probabilidad, Tobarra mantenía su importancia económica y estratégica.

El Eremitorio de Alborajico

El propio Jordán Montes pareció abandonar su hipotesis, y en trabajos posteriores habla ya, abierta y directamente de un eremitorio hispano-visigodo. Un lugar de retiro espiritual para una comunidad monacal muy pequeña, pero que debió durar cierto tiempo. Recordamos que la cantidad de roca que se excavó para hacer las distintas estancias que componen el conjunto debió llevar mucho tiempo y trabajo.

Hoy en día es posible visitar el conjunto del eremitorio, situado cerca de la laguna de Alboraj, uno de los restos arqueológicos más interesantes de todo el sureste manchego.

Edad media

Los musulmanes no pudieron fundar Tobarra por los restos que hemos descrito, y también porque “Tobarra” no es un nombre musulmán. José María Hurtado Ríos (“Tobarra, Nombre y Gente”) propuso que se trata de un nombre Ibérico, y realmente la fonética es ibérica, frente a la teoría tradicional que defiende que es una corrupción del nombre romano “Túrbula”. En todo caso, la primera vez que aparece el nombre, lo hace en tiempos de los musulmanes como hemos visto arriba, en la descripción del itinerario de Chinchilla a Cartagena que hizo el geógrafo andalusí Al-Udri en el siglo XI.

Previamente, y en el marco de la profunda crisis que sufrió Al Ándalus al final del Emirato, surgen dos caudillos locales (Jalid “Al Tubarri” -el de Tobarra- y su hijo Jagub Ibn Jalid) que controlan la zona entre Minateda y Albacete. Finalmente el último emir de Córdoba, Adberramán III, se va haciendo con el poder, y tras dominar la sierra de Alcaraz, se hace con el territorio que controla “Al Tubarri”, obligándolo a ir al norte a combatir contra los cristianos, donde muere. Cuando en el año 929 Abderramán se proclama primer Califa independiente de Córdoba, comienza un período de relativa paz que permitiría a los lugares bien situados y con agua abundante, como Tobarra, desarrollarse económicamente. Este período duraría hasta la desintegración del Califato con la llegada de los Reinos de Taifas a partir de 1012.

Reinos de taifas

Sólo la facilidad para su defensa y la riqueza de su huerta salvaron a Tobarra de la desaparición en los años convulsos que siguieron, desde los reinos de Taifas, hasta la conquista cristiana, tal como ocurrió con numersoso lugares de la misma zona. Tobarra es cruce de dos caminos naturales, el que une la meseta sur con Cartagena y el que une Andalucía con Valencia a través de la Sierra de Alcaraz y Segura. En tiempos de guerra, esa facilidad de acceso se convierte también en facilidad para el ataque de ejércitos de uno y otro signo. Sin duda el castillo de Tobarra sirvió de refugio a la población en más de una ocasión.

En este período difícil, Tobarra pasa de manos de la Taifa de Denia, a la de Murcia, después bajo el poder Almorávide, (una rama ultraortodoxa  de soldados criados en el desierto, con una interpretación fundamentalista del islam profundamente distinta a la que había en Al-Andalus). Después caería en manos del curioso “Rey Lobo” quien finalmente sucumbe al dominio Almohade.

La derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) , precipita la caída de la antigua Taifa de Murcia en manos cristianas. Sólo un año después, en 1213, cae la imponente fortaleza de Alcaraz, no obstante, los esfuerzos militares de Castilla se volvieron hacia el este: en 1227 cae Cáceres, tres años después, Badajoz, y en 1236, la histórica capital musulmana, Córdoba.

Reconquista

Tras ello, se reanuda la reconquista en el este con la caída de Chinchilla en 1241. En ese momento, Tobarra se convierte en cabeza de la defensa del reino de Murcia. Entonces, el Emir de Murcia, apremiado por la doble amenaza de los cristianos en el norte y los Nazaríes de Granada, comienza a negociar con el infante Alfonso (futuro Alfonso X), un tratado de vasallaje. Con ello intenta mantener sus dominios con el apoyo del ejército castellano, a cambio de tributos  -y la propia ocupación de su territorio-.

Entretanto se terminan las negociaciones, el infante ordena dar un golpe de mano desde Chinchilla y antes de la firma del tratado ataca las plazas del sur de Albacete, entre ellas Tobarra, Sierra y la Torre de Uchea, de este modo cuando se firma el Tratado de Alcaraz, (1243) Tobarra ya no se consideraba territorio Murciano y se excluyó de la negociación y del vasallaje. Para el Rey era tierra conquistada y pasa a depender de Castilla directamente.

Reparto

Aboaballa, hijo del alcaide de Albacete que había rendido la plaza sin resistencia a Castilla, recibe de premio el castillo de Sierra. Alcaraz, por su parte, recibe Tobarra en compensación por la pérdida de algunos territorios, con la obligación de constituir un concejo en el momento en que comiencen a venir los primeros cristianos, y de darle el Fuero de Alcaraz -de la familia del Fuero de Cuenca, un fuero muy beneficioso para propiciar la repoblación-. No duró mucho Tobarra en manos de Alcaraz, unos años después obtiene la independencia, a cambio de recibir Alcaraz la población de Las Peñas de San Pedro.

En septiembre de 1269 tiene lugar la primera delimitación del Alfoz (término municipal) de Tobarra de la mano de Alfonso X el sabio.

En aquellos momentos de grave despoblación, la ausencia de aldeas y caseríos y el olvido de los viejos términos árabes hace que el Rey decida en la mayoria de los casos dividir los términos de forma aritmética por mitad entre las poblaciones.

No ocurrió eso, sin embargo, con Tobarra. La gran diferencia de poder entre la ciudad de Chinchilla y la pequeña población (mayoritariamente árabe) de Tobarra provocó que el Rey decidiera darle a Chinchilla 5 de las 6 leguas que separaban las dos ciudades. A Tobarra le correspondió la legua restante.

Sabemos que tras la Reconquista, la importante población musulmana de la localidad fue respetada, en posesiones y costumbres, y si eso fue así lo fue probablemente porque la caída fue pacífica. Fueron los propios musulmanes Nazaríes los que provocaron la mayor devastación cuando, en una expedición en 1324, arrasaron la ciudad y se llevaron buena parte de la población esclava a Granada. No fué la única que sufrió Tobarra, pero sí la más grave, y la última algarada musulmana contra Tobarra de que hay noticias.

Tras finalizar el ataque, el señor de Tobarra, Sancho Ximenez de Lanclares pide al Rey Alfonso XI que confirme los privilegios y franquezas de que gozaba la villa y que probablemente habían sido concedidas por el Rey Fernando IV. Los documentos habían sido llevados a Granada, junto con los habitantes de Tobarra, según indicaba el propio Sancho al rey en su petición.

Señorío de Villena

La división del término entre Tobarra y Chinchilla por el Rey Sabio, no debió ser pacífica. La falta de población en el término sur de Chinchilla y la cercanía con Tobarra producía constantes roces y acusaciones de usos ilícitos de los tobarreños (como la caza) en el gran término de Chinchilla vecino y mayoritariamente vacío.

Los chinchillanos recurrieron al señor de Villena directamente y así, diez años después del grave ataque musulmán, el 26 de enero de 1334 D. Juan Manuel, -Famoso escritor, sobrino de Alfonso X y duque de Villena- interviene personalmente en el litigio entre Tobarra y Chinchilla y dicta sentencia en Villena delimitando el límite norte del término municipal de Tobarra.

Sin duda no fue de nuevo una buena sentencia para Tobarra, que poco podía hacer frente a la poderosa -entonces- Chinchilla. Llegaba además en un momento de extrema debilidad aún recuperándose del desastre de 1324. D. Juan Manuel coloca personalmente los primeros mojones en el este, al norte de la Hoya de Santa Ana, y encarga a su hijo, Sancho Manuel, terminar de poner el resto hasta “el mojón que está encima de Xodarra (La Judarra)”. Ordenando que no se muevan so pena de 1.000 maravedís.

700 años después ese sigue siendo el límite norte que tiene en la actualidad el término municipal.

El origen de la Semana Santa de Tobarra.

El 24 de abril de 1411, Vicente Ferrer, fraile dominico, (que en 1451 sería considerado santo) llega a Tobarra a predicar.

Una placa en el púlpito de la Iglesia de la Encarnación dice que desde ese lugar predicó al pueblo de Tobarra. Probablemente es cierto que predicó en la Encarnación, por cuanto la iglesia es considerada “La Antigua” -de ahí el sobrenombre del Cristo de La Antigua que se venera en su interior- frente a la iglesia de la Asunción, edificada entre 1546 y 1616.

Tal vez ahí donde está el púlpito de la Encarnación hubo uno en 1411, en todo caso, el actual no es el mismo, es claramente posterior. En todo caso, San Vicente predicó en Tobarra, el lunes siguiente al Domingo de Resurrección. (Lunes de Mona)

Son varias las hermandades españolas que afirman haber sido fundadas por el mismo San Vicente en sus peregrinaciones. San Vicente predicó en varios pueblos y ciudades en los que hay una importante raigambre semanasantera (Jumilla, Orihuela, Murcia, Lorca…) y en algunos lugares estaba acompañado de disciplinantes.

Es posible, por tanto, que Vicente Ferrer organizara algún tipo de procesión que el año siguiente y en años sucesivos se celebrara en Semana Santa y acabara formando el germen de lo que hoy es la Semana Santa de Tobarra. No obstante el gran tiempo transcurrido desde la visita del santo y los primeros documentos sobre hermandades de Tobarra, nos obliga a dejar esto en mera hipótesis por el momento.

El origen del tambor de Tobarra.

¿Y los tambores? ¿cuándo se comenzó a tocar el tambor en Tobarra?

La leyenda

Cuenta una vieja leyenda que una de las ocasiones en que los moros asolaban la zona, se encaminaron a Tobarra y los tobarreños, tratando de simular que eran un gran ejército, se aprovisionaron de tambores, cacerolas y todo con lo que pudieran hacer un gran estruendo.

La estratagema funcionó y los moros huyeron despavoridos para evitar enfrentarse al ejercito que pensaban se escondía dentro de los muros de Tobarra.

Así, los tobarreños, en recuerdo y agradecimiento de esa gesta tocan el tambor desde entonces y cada Semana Santa vuelve a vivirse el estruendo que salvó una vez a Tobarra de ser arrasada.

Más allá de la leyenda (que por otra parte tiene su parte verosímil) no hay apoyo documental sobre esa hipótesis, así que se han estudiado otras posibilidades.

La hipótesis bajoaragonesa

José María Hurtado Ríos ha sido desde siempre el más ferviente defensor (y creemos que creador) de la hipótesis de que fueron repobladores del Bajo Aragón los que introdujeron el tambor en la Semana Santa de Tobarra. Y apuntaba a la ciudad de Híjar como origen de estos repobladores.

De esta idea surgió feliz la iniciativa (de nuevo creemos que de él) de hermanar las dos localidades a mitad de los años 80.

Hurtado se apoyaba fundamentalmente en la existencia en Tobarra de apellidos de claro origen bajoaragonés (Alcañiz, Urrea…), en la existencia de topónimos cercanos a Tobarra (Híjar, aldea de Liétor, y el puente de Híjar en Letur) en algunas palabras compartidas -como la formación del diminutivo en “-ico”, en la importantísima figura de “Pedro de Híjar” -hijo de Jaime I el Conquistador, y primer barón de Híjar, que andaría por Murcia tras la revuelta mudéjar, y en el propio toque del tambor de Tobarra, que vendría de los Hijaranos.

En su opinión, los Hijaranos que repoblaron el territorio, fundaron esos lugares con el nombre de su pueblo y nos trajeron sus costumbres, entre ellas, el toque del tambor.

Problemática de la hipótesis

La hipótesis acumula muchas pruebas a su favor, pero tiene varios puntos débiles, alguno, en nuestra opinión, fatal para su sostén.

En primer lugar, pese a la presencia evidente de Pedro de Híjar en Murcia, no hay referencia alguna de fundaciones ni repoblaciones por parte de la gente que lo acompañaba.

En segundo lugar, los aragoneses que acompañaban a D. Pedro eran extranjeros en Castilla y si bien en el recién creado protectorado de Murcia sí hay atestiguada una importante repoblación de extranjeros, en las tierras de Albacete, que como vimos, no fueron considerados protectorado por Alfonso X, no hay signos de presencia de repobladores que no vinieran de la propia Castilla. No en aquella época.

Además, Tobarra sufrió varios ataques musulmanes como hemos visto, y probablemente el de 1325 fue fatal para la población cristiana local. Las crónicas hablan del final de la población cristiana, que fué llevada prisionera a Granada. Si hubo algún repoblador del Bajo Aragón desapareció entonces o vino después, pero ya no con Pedro de Híjar.

Tampoco es útil la toponímia porque “Híjar” en árabe significa “piedra” y además hay documentos de conquista que hablan ya de los Híjar de Albacete conquistados a los árabes, luego no pudieron ser fundados por hijaranos.

Y por último, los mismos bajoaragoneses sitúan el origen de su Semana Santa y su toque de tambor en la obra de los franciscanos de los siglos XVI y XVII, eso invalidaría cualquier posible transferencia de una tradición que no habría nacido todavía en tiempos de Pedro de Híjar, y además nos lleva a la siguiente hipótesis.

La teoría franciscana

Por el contrario, la vinculación de la Orden Franciscana con la organización de las procesiones de Semana Santa sí está bien atestiguada. En muchos pueblos y ciudades fueron ellos los que comenzaron a organizar las primeras procesiones, en otros les dieron un impulso considerable, probablemente éste fue el caso de Tobarra.

Guillermo A. Paterna Alfaro, elaboró una hipótesis bastante bien fundamentada, con las pocas fuentes documentales disponibles. Relacionó a los franciscanos de Tobarra con la construcción del actual Vía Crucis al Calvario.

También está documentada la adquisición de los franciscanos a Francisco Salzillo de una Virgen Dolorosa, que sobrevivió milagrosamente a la destrucción de la Guerra Civil.

El resto es mera hipótesis pero no es poco lo que podemos decir con las escasísimas fuentes que tenemos de aquella época.

Por otra parte, en lugares donde hay más respaldo sí hay mejor sustento para esta teoría, los franciscanos organizaron procesiones y en algunos casos están vinculados al origen de hermandades.

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